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¿Rivales o enemigos?

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¿Rivales o enemigos?

Hoy empieza Roland Garros 2018 y una edición más Rafa Nadal y Roger Federer llegan a estas alturas de la temporada encaramados en los puestos más altos del ranking ATP. A pesar de la asuencia del suizo, Nadal afronta este año un reto extraordinario: ganar su undécimo título en París, lo que le afianza como el jugador de la historia que más veces ha ganado un mismo Grand Slam. El suizo por su parte es el que más títulos totales posee. Esto ha sido un continuo en sus carreras, las victorias de uno espolean al otro a no quedarse atrás. Así llevan ya 15 temporadas, un auténtico hito tanto en el mundo del tenis  como en el deporte en general.

A lo largo de la historia ha habido muchos casos similares: dos grandes deportistas que comparten una misma época y rivalizan hasta tal punto que los aficionados parece que tienen que decantarse por uno u otro, puro antagonismo. Larry Bird y Magic Johnson, Mohammed Ali y George Foreman, Sebasitan Coe y Steve Ovett, Messi y Cristiano… No podemos saber si de no haber coincidido sus carreras hubieran sido igual de exitosas. Estamos convencidos  que el hecho de ser testigos de las victorias del otro estimula al máximo el espíritu competitivo, lo que les hace explotar unas condiciones ya de por sí extraordinarias, para a alcanzar gestas que a priori parecían estar fuera de su alcance. Pero ¿por qué ocurre esto? Uno de los factores que influye en el rendimiento de un deportista se asocia a la percepción de competencia, lo que bien gestionada puede ser un elemento que ayude a alcanzar un potencial hasta ese momento desconocido. El caso opuesto se da cuando los deportistas (también ocurre en entrenadores y dirigentes)  no son capaces de gestionar esta situación dando paso a una vivencia negativa de la situación, pudiendo expresarse en forma de bloqueo, ofreciendo unas prestaciones sensiblemente más bajas de las esperadas. Al tratarse de un elemento que condiciona el rendimiento, también lo trabajamos con nuestros clientes, para gestionarlo con una mayor eficacia.
Para acabar, queremos señalar el magnífico ejemplo que a nuestro juicio dan Federer y Nadal. Normalmente cuando se habla que dos deportistas que rivalizan se dan a entender que automáticamente son enemigos y que el sentimiento predominante es el odio mutuo. Es evidente que cuando se enfrentan, las victorias de uno significan la derrota del otro, pero no por ello hace que la relación que tiene entre ambos se deteriore, lo que ayuda a romper ese mito de odio entre rivales. Esto resulta un magnífico ejemplo para la sociedad: se puede competir con máximo respeto hacia el otro. Tanto que no dudan en mostrar públicamente el agradecimiento mutuo por haber sido fundamentales en sus exitosas carreras. ¿Os imagináis que el día en que se retiren, Cristiano Ronaldo y Messi salieran agradeciéndose el uno al otro todo lo que se han aportado?

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